Blog
18/2/26

El reto de comunicar el bienestar en un mundo incierto

Este artículo analiza el Informe de Bienestar Extendido de Espacio Futuro desde la lente de la comunicación, explorando cómo la incertidumbre, la tecnología y el contexto influyen en el bienestar y en la forma en que lo contamos.
Alba Canelada Martín
Coordinadora Comunicación Santalucía Espacio Futuro

¿Qué piensa la sociedad sobre el futuro?

¡Descúbrelo aquí!
Icono avanzar flecha Espacio Futuro

Hay documentos que se leen desde la profesión y otros que obligan a revisar cómo la hemos ejercido.

El Informe de Bienestar Extendido de Espacio Futuro pertenece a este segundo grupo. No porque plantee problemas desconocidos, sino porque ordena de forma clara muchas de las tensiones que llevamos años intentando explicar desde la comunicación, a menudo de manera fragmentada y sin un marco común que las conectara.

Durante mucho tiempo hemos hablado de bienestar como si fuera un conjunto de piezas independientes. Salud, trabajo, estabilidad económica, conciliación, equilibrio emocional. Cada una con su propio lenguaje, su propio relato y su propia lógica comunicativa. Desde la comunicación hemos contribuido, quizá sin pretenderlo, a reforzar esa fragmentación, tratando cada tema como un asunto aislado.

La vida, sin embargo, no funciona así. Y el malestar, tampoco.

Leer este informe produce una constatación clara. Muchas de las preocupaciones que hoy ocupan la conversación pública no han aparecido de repente. Han ido creciendo de forma acumulativa, sin que contáramos con un marco que explicara cómo se relacionan entre sí las decisiones cotidianas, el contexto económico, el uso del tiempo, la tecnología o la fragilidad de los vínculos.

Desde la comunicación hemos puesto foco en los síntomas. Hemos hablado de estrés, de sobrecarga informativa, de ansiedad, de dificultad para conciliar o de cambios constantes. Pero rara vez hemos explicado el sistema que los genera. Cuando no se entiende ese sistema, el relato acaba trasladando la responsabilidad casi en exclusiva a las personas.

Uno de los aportes más relevantes de este informe es precisamente ese desplazamiento. El foco deja de estar en el individuo aislado y se sitúa en el contexto que condiciona sus decisiones. No para eliminar la responsabilidad personal, sino para entender mejor por qué tantas personas sienten que hacen lo que se espera de ellas y aun así no logran una sensación sostenida de bienestar.

Si hubiera contado con un marco como este hace años, probablemente habría comunicado de otra manera. Habría sido más consciente del efecto que ciertos discursos, bien construidos, pero excesivamente simplificadores, tienen cuando no reconocen las condiciones estructurales en las que se toman las decisiones.

El informe describe la incertidumbre como una condición estable, no como una etapa pasajera. Analiza el tiempo como un recurso crítico y cada vez más desigual. Aborda la fragilidad de los vínculos en un contexto donde precisamente se vuelven más necesarios. Examina la tecnología como un factor ambivalente, capaz de ampliar oportunidades y, al mismo tiempo, de introducir nuevas formas de desgaste.

Y, sobre todo, pone el acento en algo que desde la comunicación hemos tendido a dar por supuesto: la dificultad real de decidir bien en entornos complejos.

Durante años hemos comunicado como si la información fuera suficiente para orientar decisiones. Como si entender un fenómeno garantizara saber qué hacer con él. Este informe plantea una idea más honesta. Comprender es imprescindible, pero no siempre basta. Por eso no se limita a describir escenarios, sino que trata de extraer implicaciones, alertas y aprendizajes que ayuden a orientarse en el presente.

Desde una mirada comunicativa, aquí se produce un giro relevante. Hablar del futuro no como promesa ni como amenaza, sino como un conjunto de cambios que necesitan ser traducidos. Traducir no es simplificar hasta vaciar de contenido. Traducir es ordenar, jerarquizar y ofrecer claves que permitan entender qué está cambiando, por qué importa y cómo puede afectar a la vida cotidiana.

Este enfoque también interpela a nuestra profesión. Comunicar bienestar no consiste en ofrecer recetas ni en construir relatos aspiracionales que ignoran las tensiones reales. Consiste en ayudar a entender el terreno, para que las personas no tengan que decidir a ciegas.

Quizá por eso este informe resulta especialmente pertinente. No habla desde la urgencia del titular ni desde la abstracción académica. Habla desde trayectorias vitales que se construyen a base de elecciones pequeñas, condicionadas por contextos complejos y cambiantes.

Hoy tengo más claro que el valor de la comunicación no está solo en explicar lo que viene, sino en hacerlo comprensible y útil, aunque no tengamos respuestas cerradas. Ayudar a formular mejores preguntas ya es, en sí mismo, una forma de acompañamiento.

Si algo habría cambiado al comunicar antes con este marco no es el tono, sino la profundidad. Habría explicado menos soluciones y habría dedicado más esfuerzo a ofrecer contexto. Menos consignas y más claves para orientarse.

En un entorno saturado de discursos sobre el futuro, comunicar desde ese lugar, con rigor, claridad y sentido práctico, es una de las contribuciones más necesarias que podemos hacer hoy.

Newsletter

Descubre lo que vendrá

¡Recibido, el futuro empieza contigo!
Parece que el futuro no reconoce ese email. ¡Intenta de nuevo!